34ª Semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 28 de Noviembre del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-34-J.doc
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EVANGELIO ( Lucas 21, 20-28)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!

Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enronquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán.

Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

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CLAVES para la LECTURA

- Esta sección del «discurso escatológico» se subdivide claramente en dos partes: en la primera se describe la ruina de Jerusalén (vv. 20-24), en la segunda se describe el fin del mundo (vv. 25-28). La primera parte es la más característica de Lucas, ya que le gusta volver de la apocalíptica a la historia: «Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos... son días de venganza» (vv. 20-22). Queda claro, por consiguiente, que Lucas considera la destrucción de Jerusalén como un juicio de Dios dirigido contra el comportamiento precedente de sus habitantes. De ahí que la perspectiva mire más al pasado que al futuro.

- Hay, no obstante, un matiz particular que merece ser destacado: lo que le ocurre a Jerusalén tiene una finalidad que abre la perspectiva al universalismo: «Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora» (v. 24), es decir, el tiempo del testimonio o, bien, el tiempo de los mártires (así, Hechos de los Apóstoles).

- Es sabido que a Lucas le gusta distinguir con claridad los tiempos de la historia de la salvación: el tiempo del antiguo Israel, la plenitud de los tiempos caracterizada por la presencia de Jesús y el tiempo de la Iglesia. Los tiempos de los paganos se insertan en esta última sección de la historia. Lucas deja entender que al tiempo de los paganos le sucederá el tiempo del juicio universal. De ahí que los vv. 25-28 se caracterizan por la venida del Hijo del hombre para el juicio: el creyente no tiene ningún motivo para temer, aunque la descripción de ese momento induzca sentimientos que suscitan el temor de Dios. El regreso del Señor se caracteriza, en efecto, por el «gran poder y gloria» (v. 27): él traerá consigo el don de la liberación total y definitiva, una «redención» que sólo puede ser un exquisito don divino.

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CLAVES para la VIDA

- También en este pasaje, Lucas mezcla dos planos: éste de la caída de Jerusalén -que probablemente ya había sucedido cuando él escribe el evangelio-, y la del final o la segunda venida de Cristo, precedida de signos llamativos. Y en este marco, vuelve a recoger las enseñanzas de Jesús.

- Y el mensaje es nítido: a pesar de esos signos cósmicos y de las dificultades... “verán al Hijo del Hombre venir...” (v. 27); esto es, la victoria de Cristo es segura porque él viene con poder y gloria; viene a salvar y no a destruir: “Levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación” (v. 28). Éste es el mensaje que me (nos) deja Jesús; la espera será dinámica y comprometida, empeñada en realizar el Reino que él mismo inauguró; pero... “cobrad ánimo...”, sus promesas se hacen realidad.

- No es bueno que hoy me “enrede” (nos “enredemos”) en el lenguaje apocalíptico y me “pierda” (nos “perdamos”) en discusiones. Más bien, asumo (asumimos) el mensaje, que es de ánimo y de esperanza en la victoria de Cristo y mía (nuestra) si estoy (estamos) empeñado(s) en su misma causa, en la del Reino. De él me (nos) viene la salvación, la que llevo (llevamos) en germen desde mi (nuestro) encuentro con Él, y la definitiva que me (nos) la ofrecerá con “poder y gloria”. Por eso me atrevo (nos atrevemos) a cantar: “Ven, Señor Jesús”.

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, tú me (nos) dejas la tarea del Reino y me (nos) prometes tu presencia definitiva y liberadora. Haz que viva (vivamos) en consonancia a tu propuesta y pueda (podamos) disfrutar plenamente de tu triunfo, que será también nuestro”.

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