33ª Semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 22 de Noviembre del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-33-V.doc
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EVANGELIO ( Lucas 19, 45-48)

En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
- «Escrito está: “Mi casa es casa de oración”; pero vosotros la habéis convertido en una cueva de bandidos».
Todos los días enseñaba en el templo.

Los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

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CLAVES para la LECTURA

- Esta perícopa evangélica está subdivida claramente en dos partes: en primer lugar, aparecen unas palabras de Jesús contra los vendedores del templo; en segundo lugar, un apunte recopilador con el que el evangelista Lucas quiere caracterizar los últimos días de la vida terrena de Jesús.

- «Está escrito»: esta frase indica en labios de Jesús no que las profecías determinen su comportamiento, sino que el comportamiento de Jesús da pleno cumplimiento a las profecías. Para Jesús, la luz plena, que ilumina sus gestos y nos permite reconocerlo por lo que es, proviene ciertamente del mensaje profético, pero sobre todo de su conciencia de enviado del Padre. «Mi casa ha de ser casa de oración» (v. 45): sabemos bien que, para Jesús, el templo de Jerusalén no es el único lugar en el que se puede orar; más aún, en algunas ocasiones ha expresado una valoración crítica con respecto a una concepción demasiado materialista de las instituciones religiosas. Ahora bien, sabemos asimismo que el templo, en cuanto casa de Dios, no puede ser desnaturalizado; está prohibido, por tanto, para cualquier intercambio comercial, que transformaría la casa de Dios en una «cueva de ladrones» (v. 46; Is 56, 7; Jr 7, 11).

- La noticia final de Lucas (vv. 47ss) viene a confirmar un hecho bien conocido: los que ejercen el poder siguen estando ciegos ante Jesús y ante la claridad de sus palabras, mientras que el pueblo en su sencillez, reconociendo que tiene necesidad de un Salvador y de un Maestro, está pendiente de sus labios.

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CLAVES para la VIDA

- Jesús ha terminado la “subida a Jerusalén” con todo lo que ello implica de entrega, sufrimiento, muerte y resurrección; ayer “lloraba” por el futuro que le esperaba. Hoy, realiza un signo profético en el Templo: “se puso a echar a los vendedores” (v. 45) porque “vosotros habéis convertido mi casa en una cueva de bandidos” (v. 46). De este modo, hacia el final de su vida, Jesús se muestra con una gran libertad, con este signo de purificación y, también, porque enseñaba todos los días, y el pueblo entero lo escuchaba.

- Al contrario, los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los principales del pueblo intentan acabar con él: es el contraste entre el pueblo que le acoge con gusto y los que “sabían” mucho, que le rechazan y terminarán llevándole hasta la muerte. Los sencillos de corazón aceptan el don de Jesús, que es el Nuevo Templo (especialmente, según Juan), mientras que los principales, lo que intentan es callarlo y terminar con él. Aquí me encuentro (nos encontramos) ante los acontecimientos decisivos.

- Muy gráfico el pasaje evangélico: quienes, en su sencillez, le acogen con gusto, y quienes, en su arrogancia, le rechazan y quieren acabar con él. ACOGER a Jesús, sus gestos y su mensaje, su estilo y sus propuestas... ¡he ahí la cuestión! Aquí me encuentro yo (nos encontramos nosotros), una vez más, necesitado(s) de renovar esa opción, de trabajarla y cultivarla. Y tú hermano/a, ¿también necesitas ser “purificado/a” por Jesús? ¿Te animas...?

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, me (nos) fascina descubrir tu fuerza interior y tu libertad, afrontando la situación con valentía, generosidad y entrega. GRACIAS por mostrarme (mostrarnos) el camino y desvelarme el secreto: tu confianza en el proyecto de Dios-Padre”.

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