31ª Semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 06 de Noviembre del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-31-X.doc
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EVANGELIO ( Lucas 14, 25-33)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
- «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar”.
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío».

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CLAVES para la LECTURA

- La Palabra de Jesús y las «maravillas que realizó» (Lc 13, 17) le procuraron que le siguiera mucha gente: ahora le vemos insistiendo en las exigencias que implica el seguimiento. En primer lugar, es preciso volver a apostar por la gratuidad y poner en cuestión mis (nuestros) propios vínculos afectivos e incluso mi (nuestra) propia vida (v. 26: nuestro texto traduce «renunciar» en vez del «odiar» que aparece literalmente en el texto original, porque «odiar» es un hebraísmo que implica un desprendimiento radical).

- Si lo más urgente es buscar el Reino de Dios (Lc 12, 31), el seguimiento asume entonces la forma de la pobreza (pobreza de afectos, pobreza de bienes materiales): dejarlo «todo» (característica del relato de la llamada a los discípulos de Lc 5, 1-11) para ponerse «detrás» de uno (9, 23), llevando la propia cruz (v. 27). No se trata de odiar, sino -como explica de manera adecuada Lc 16, 13- de la imposibilidad de servir a dos señores, de tener dos absolutos en mi (nuestra) propia vida. Parecerá que estoy (estamos) perdiendo la vida, pero es el único modo de salvarla, y esto, en efecto, resulta evidente si me pregunto (nos preguntamos) qué es aquello de lo que depende la vida: a buen seguro, no de los bienes (Lc 12, 15).

- Es verdad, sin embargo, que la decisión de seguir a Cristo debe ser meditada de manera adecuada: del mismo modo que es necesario valorar los recursos disponibles para construir una torre y la oportunidad de hacer frente a un enemigo declarándole la guerra o preparando la paz (vv. 28-32). Es preciso calcular nuestra propia fuerza-capacidad (vv. 28-32), pero sabiendo -a ejemplo del Maestro, del fuerte que tuvo necesidad de consuelo (Lc 3, 16; 22, 43)- que «lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Lc 18, 27).

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CLAVES para la VIDA

- Ayer mismo, el texto evangélico, me (nos) hablaba de aquellos que habían sido invitados al banquete y que, con diversas excusas, no aceptaban la participación en el evento y en aquella fiesta. Desde ahí, es necesario escucharle hoy, proponer al Maestro el SEGUIMIENTO y las exigencias que supone. Es necesario “renunciar”, dejarlo todo, para ponerse “detrás” del mismo Maestro y vivir las claves que él mismo vive. Nada menos que esta exigencia radical es necesaria.

- Porque... “ser discípulo” es la propuesta para cuantos acogen su invitación. Pero implica a toda la persona, y toda su existencia queda marcada desde dentro y para siempre. De ahí que, en otros momentos, planteará la imposibilidad de “servir a dos señores”, de tener dos absolutos en mi (nuestra) vida. Así de exigente se muestra este Maestro, quien -por cierto- lo que planteaba, lo vivió con una radicalidad incomparable.

- ¡Difíciles conclusiones las que se derivan para mí, para nosotros, de este texto evangélico! Al menos, si las asumo (asumimos) tal como me (nos) las presenta, con la crudeza y exigencia que conllevan. De ahí que siempre me (nos) asusten. Sólo abriéndome (abriéndonos) a Él, acogiendo la fuerza que viene de Él mismo y de su Espíritu, será posible “cargar con la cruz y seguirle” (v. 27). Ante esta propuesta me encuentro, nos encontramos. ¿Qué hacemos, hermano/a?

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ORACIÓN para este DÍA

“Dame (danos) tu gracia, Señor Jesús, para que tu Evangelio ilumine mi (nuestra) vida hasta el fondo, para que no quede en ella ninguna zona de oscuridad, de manera que pueda (podamos) seguirte como tú esperas que lo haga (hagamos)”.

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