31ª Semana del Tiempo Ordinario

Martes, 05 de Noviembre del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-31-M.doc
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EVANGELIO ( Lucas 14, 15-24)

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
- «¡Dichoso el que coma en el banquete del Reino de Dios!».

Jesús le contestó:
- «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo: “He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir”.

El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: “Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio”. Entonces el amo dijo: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa”.

“Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».

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CLAVES para la LECTURA

- En la comida a la que le habían invitado en casa del fariseo, Jesús, apoyándose en las palabras de uno de los comensales, se inspira una vez más en el contexto de la comida para contar una parábola que trata del tema de la urgencia de responder a la llamada del Reino. La parábola habla de un hombre que dio una «gran cena e invitó a muchos» (v. 16). Todos los invitados, sin embargo, se justifican «a la hora de la cena» y no se presentan (vv. 17ss). El señor se irritó y, como deseaba que su casa se llenara, mandó llamar «a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos» (v. 21).

- La cena preparada (v. 17) puede muy bien referirse a la Pascua preparada para los discípulos antes de la pasión y, en definitiva, al banquete del Reino (Lc 22, 7ss): si todo está preparado y la invitación es gratuita, sólo es preciso estar disponible. La hora de la cena (v. 17) es el hoy de la salvación (un tema entrañable al evangelista Lucas), que pide una respuesta pronta a la llamada del Señor.

- Hay mucho «sitio» (v. 22) en la sala del banquete, pero es fácil encontrar excusas, aducir pretextos. Así, muchos se dejan tentar por la invitación (Lc 9, 57-62), pero luego sienten otras voces más fuertes, dan prioridad a otros bienes, materiales o afectivos: campos, bueyes, mujer (vv. 18-20). De éstos dice Jesús, en otro lugar: «Nadie que haya puesto la mano en el arado y vuelva la vista atrás es apto para el Reino de Dios»; sólo el que paga el precio de la renuncia recibirá cien veces más (Lc 18, 28-30). Los que no responden a la invitación son reemplazados con facilidad por otros, recogidos por las calles y plazas e incluso por las «veredas» (v. 23: ¿alusión a los que estaban fuera de Jerusalén?): vendrán de todas partes y «se sentarán a la mesa en el Reino de Dios» (Lc 13, 29). Está claro que la bienaventuranza de quien come el pan del Reino (v. 15) es para todos: no es un privilegio, sino algo puramente gratuito que sólo espera ser acogido. Pero ninguno de los que la rechazan (v. 24) podrá saborear la alegría del convite.

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CLAVES para la VIDA

- Siguiendo en ese clima de comida, continúa la reflexión del Maestro, con una dimensión nueva, si bien repetida en los evangelios: Israel, antes que nadie, había recibido la invitación para el “banquete del Reino de Dios”, pero cuando llegó la hora, rehúsa poniendo excusas. Y, con todo, Dios no cierra la puerta del convite: invita a otros, a los que Israel considera “pobres, lisiados, ciegos y cojos” (v. 21), y es que quiere que “se llene la casa” (v. 23). Éste es el proceder de Dios. ¡No lo puedo olvidar! ¡No lo podemos olvidar!

- De nuevo, el inmenso “misterio” de cuantos rechazan el don gratuito de Dios y se dejan arrastrar por “otras voces”, dando prioridad a otros valores. Y es que acoger algo que se ofrece como GRATUITO parece que levante sospechas y, por eso mismo, no llegan a saborear la alegría del convite y de la fiesta. Falta disponibilidad para aceptar la invitación. ¡Misterio difícil de entender, pero muy real!

- ¡Y tan real es que acontece en mi (nuestra) propia vida y en mi (nuestro) caminar de cada día! Y... ¡vaya si ocurre! La GRATUIDAD tampoco es nuestro fuerte; desconfiamos de ella. Y como Dios es pura gratuidad... ¡pues la llevo clara (la llevamos clara)! Cultivar esta espiritualidad de la gratuidad, ejercitarme (ejercitarnos) constantemente en ella, despertarla en los otros y compartirla... ¡toda una urgencia y necesidad!

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, que en nuestras comunidades sepamos abrir la puerta a todos y a todas, especialmente a los/as inmigrantes, para que nuestras celebraciones se parezcan lo más posible a tu Reino”.

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