30ª Semana del Tiempo Ordinario
TODOS LOS SANTOS
Viernes, 01 de Noviembre del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-30-V.doc
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EVANGELIO ( Mateo 5, 1-12a)

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y Él se puso a hablar enseñándolos:

- «Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán “los hijos de Dios”.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

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CLAVES para la LECTURA

- El evangelio de Mateo puede ser estructurado en torno a cinco grandes discursos que acompasan el discurrir de los capítulos. El primer gran discurso, que tiene su comienzo en este fragmento, amplifica y despliega el anuncio profético originario de Jesús: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 4, 7; 3, 2; 10, 7). Es como una gran incrustación en la que temas y palabras se reclaman formando un cuadro global de gran efecto.

- En nuestro fragmento se puede subrayar, en primer lugar, la fórmula de las bienaventuranzas: todas están construidas siguiendo un modelo semejante. Se parte de la proclamación de la bienaventuranza, que se dirige siempre a categorías «débiles» en la historia, para anunciar que esta debilidad está puesta en las manos de Dios (éste es el sentido de la forma pasiva y del tiempo futuro de los verbos). En todas ellas, en efecto, la promesa contenida en la segunda parte corresponde a la expectativa de la primera. A los que lloran les corresponde el consuelo de Dios (v. 4); a los humildes, Dios les entregará la tierra (v. 5); a quienes tienen hambre y sed de justicia, Dios los saciará (v. 6); con los que tienen un corazón misericordioso, Dios se mostrará misericordioso (v. 7); se mostrará plenamente transparente a los que tienen limpio el corazón (v. 8); tomará como hijos e hijas a quienes construyen la paz (v. 9).

- De este esquema general se apartan, en cierto modo, la primera y la octava bienaventuranzas, que forman una gran inclusión, puesto que ambas prometen a «los pobres en el espíritu» (v. 3) y a «los perseguidos por la justicia» (v. 10) el Reino de los Cielos. Estas dos bienaventuranzas adquieren así una densidad especial, mientras que la última aplica este anuncio evangélico a la situación de persecución por la que pasa la comunidad cristiana (vv. 11ss). El «Reino de los Cielos» se convierte de este modo en el código que permite comprender las bienaventuranzas y, además, todo el Evangelio (a título de ejemplo, las parábolas que se encuentran en Mt 13).

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CLAVES para la VIDA

- Aquí me encuentro (nos encontramos), en el “Sermón de la montaña”, donde Jesús comienza su tarea de MAESTRO y, como “primera lección”, ofrece las exigencias éticas de todo su planteamiento, de su Buena Nueva y lo que supone su seguimiento. Aquí, pues, Jesús es presentado como el nuevo Moisés, fundador de un nuevo pueblo, a quien ofrece su proyecto. Por eso, el monte de las Bienaventuranzas es el eco del monte Sinaí. Aquí todo alcanza su plenitud.

- El núcleo del mensaje es presentar la “LÓGICA” de Dios, ya que -aunque parezca extraña- éste es el modo de ver y de actuar de Dios. Por eso, aquí se me (nos) ofrece la Carta Magna del Reino: Dios opta por los aparentemente débiles y marginados para este mundo. Dios se pone del lado de aquéllos que son menospreciados y no valorados. Además, éste es el camino de la plena felicidad.

- Aquí me encuentro (nos encontramos) con la Carta Magna para mi (nuestra) vida de participante(s) activo(s) del Reino. Muchos son los interrogantes que me (nos) propone la escucha y meditación de este proceder de Dios y que Jesús las vivió de forma intensa. En el fondo me (nos) surge la pregunta base: ¿está mi (nuestra) vida bien planteada para alcanzar la felicidad, la que me (nos) proponen las Bienaventuranzas? ¿Tú qué dices, hermano/a? ¡Ser signo de este Reino es la tarea, hoy y aquí!

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor y Dios nuestro: Tú me (nos) propones un camino de felicidad no fácil de aceptar. Convénceme (convéncenos), como lo hiciste con Jesús, que ése es el camino pleno, y hazme (haznos) artífice(s) del mundo que proclaman las Bienaventuranzas”.

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