20ª Semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 22 de Agosto del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-20-J.doc
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EVANGELIO ( Mateo 22, 1-14)

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo:
- «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».

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CLAVES para la LECTURA

- El fragmento de hoy forma parte de una nueva sección del evangelio de Mateo, la última antes de los acontecimientos de la Pasión (Mt 21, 1 – 25, 46). Jesús está en el templo. Se dirige a los judíos, que, de una manera malévola, le han preguntado con qué autoridad enseña y realiza sus obras. Les dirige tres parábolas muy fuertes: la parábola de los dos hijos (21, 28-32), la de los viñadores homicidas (21, 33-46) y, por último, la del banquete de bodas (22, 1-14). Esta última es la que he (hemos) escuchado en el evangelio proclamado hoy. Las imágenes a las que hace referencia Jesús son bien conocidas de todo buen israelita: las bodas y el banquete, es decir, las imágenes con las que se describe el Reino anunciado por los profetas, unas imágenes que preludian la comunión gozosa y definitiva de Dios con su pueblo (25, 1-12).

- A diferencia de la versión de Lucas (14, 16-24), en la de Mateo no se trata ya de una invitación a una «gran cena» (Lc 14, 16), sino al banquete organizado por el rey para celebrar las bodas de su propio hijo. Esto hace más grave e injustificada la negativa por parte de los invitados, que rechazan el plan de Dios. El Antiguo Testamento había prometido la unión nupcial entre Dios y su pueblo (por ejemplo, Jr 2, 2; 31, 3; Ez 16, 1-43. 59-63); el nombre de «Esposo» es uno de los títulos que Dios se da a sí mismo (Is 54, 5). La parábola referida por Mateo presenta a Jesús como el «Esposo» prometido (9, 15) y pone el acento en la gravedad del comportamiento de los invitados.

- Las motivaciones del rechazo son mezquinas: mi trabajo es más importante que el banquete. A algunos les fastidia hasta tal punto el banquete que llegan a insultar e incluso matar a los siervos que les llevan la invitación. La invitación al banquete de bodas del hijo se dirige ahora a invitados insospechados. Jesús pretende revelar que la salvación, rechazada por su pueblo, se ofrece ahora a los paganos. Este discurso les resulta duro a los judíos, que ni le aceptan a él ni aceptan tampoco su enseñanza ni el universalismo de su invitación a formar parte del Reino.

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CLAVES para la VIDA

- Ese Israel, a quien Dios ha mimado y cuidado con ternura entrañable, ése es quien rechaza, ahora mismo, la oferta de Dios, la invitación a las bodas del Hijo. Éste es el drama que me (nos) ofrece el relato evangélico de hoy. El pueblo de la promesa y de la Alianza está demasiado “ocupado” para reconocer en Jesús al Mesías Salvador, y no sabe aprovechar la hora de la gracia, de la plenitud, que Dios ha ido preparando con tanta paciencia y pedagogía. Es el drama de Israel y símbolo de tanta historia nuestra y personal.

- Cuadro difícilmente comparable: Dios hace fiesta, su programa es de fiesta e invita a esta fiesta y al banquete. El Reino, pues, no es una desgracia, aunque sea exigente (el que acude sin vestido de fiesta). Lo que ocurre es que algunos, muy llenos de sí mismos, o bloqueados por las preocupaciones de este mundo, no aceptan esa invitación gratuita y alegre que Dios ha organizado. Y es curioso la reacción de Dios: ante la negativa de los “selectos”, Dios invita a los desarropados, a los marginados, a los que no cuentan. La salvación está abierta a TODOS.

¡Descubrir a este Dios es algo incomparable! ¡Cuántas veces me (nos) han presentado otro rostro, por cierto, bien diferente de este Dios! Invitado(s) y, además, en gratuidad a su fiesta. Eso sí, necesitados de “revestirnos de Cristo”, del “hombre nuevo”, para vivir en plenitud esta novedad definitiva, la del Reino. Ésta es la PROPUESTA que se me (nos) está haciendo. Y yo, nosotros… somos capaces de rechazarla como los “jefes” del tiempo de Jesús. ¡Ojalá esté (estemos) entre la gente sencilla de corazón, que le acoge con ilusión! ¡Suerte y… acierto!

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, enséñame (enséñanos) a reconocer y agradecer los dones especiales del Padre para conmigo, para con nosotros. No permitas que las cosas de este mundo y los afanes de la vida me (nos) ofusquen y esclavicen, apartándome (apartándonos) del don definitivo del Reino”.

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