18ª Semana del Tiempo Ordinario
SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ, Patrona de Europa
Viernes, 09 de Agosto del 2019

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-18-V.doc
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EVANGELIO ( Mateo 25, 1-13)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
- «El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”. Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

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CLAVES para la LECTURA

- También esta parábola gira en torno al tema de la vigilancia, como confirma la invitación final: «Así pues, vigilad, porque no sabéis ni el día ni la hora» (v. 13). Sin embargo, ésta, en su procedimiento narrativo, contiene ciertas particularidades que la hacen única. En primer lugar, el escenario nupcial: la fiesta por excelencia, en el Antiguo Oriente, es la que se celebra con ocasión de las bodas. En ella todo debe concurrir a comunicar el lenguaje de la alegría y de la vida. El banquete, las luces, los trajes, la música, las danzas y, no precisamente en último lugar, el cortejo nupcial que acompaña al esposo a lo largo del camino: todo está al servicio de los esposos, todo se hace en su honor. Sabemos por el evangelio que la falta de vino (el episodio de las bodas de Caná: Jn 2, lss) podía representar un grave motivo de vergüenza para la familia recién constituida, pues era como decir que no estaba en condiciones de ocupar el puesto que se le había asignado en la comunidad.

- No era anormal que el esposo se retrasara bastante; tal como discurren las cosas en Oriente, no es posible prever con certeza en estas ocasiones un tiempo para su llegada, y por eso era justificable el adormecimiento después de horas y horas de espera en el camino. Pero la luz de las lámparas debía permanecer encendida para salir al encuentro del esposo en el momento en que se señalara su presencia. Sólo las jóvenes sensatas estarán preparadas en el momento oportuno, mientras que las otras, al ver languidecer la luz de sus lámparas, no podrán hacer otra cosa que ir en busca de aceite, en un último intento desesperado... aunque inútil. Llega el esposo, se forma el cortejo, entra en el banquete, se cierra la puerta. El llanto de las excluidas obtiene, como respuesta, un «Os aseguro que no os conozco» (v. 12), expresión que subraya la distancia, la interrupción de las relaciones, la no comunión entre ellas y el esposo.

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CLAVES para la VIDA

- Se me (nos) sigue ofreciendo esta catequesis-discurso del Maestro acerca de este tema tan significativo como es la VIGILANCIA. En esa pedagogía propia de las parábolas, se exageran algunos detalles, pero todo ello con el fin de subrayar la enseñanza fundamental: es necesario estar preparados y despiertos para cuando llegue el novio. Su venida será imprevista; nadie sabe el día ni la hora. De hecho, Israel y sus dirigentes no supieron estarlo y no descubrieron en Jesús, el enviado de Dios que inauguraba el Reino y su banquete festivo.

- Y es que se da una NUEVA SITUACIÓN, y esto supone una nueva forma de vivir y de estar. Él, el Maestro, lo destacará de manera insistente en todo el camino que recorre y donde, también yo participo (nosotros participamos). La Buena Nueva, el regalo del Evangelio, no es con objeto de vivir atolondrados, sino para celebrar el banquete del Reino, al que Dios mismo me (nos) invita.

- Aquí está, pues, la invitación perenne a vivir plenamente esta situación de gracia que se me (nos) ofrece. También hoy, en medio de “tanta oferta” distinta y, por cierto, bastante “relajantes”, se me (nos) invita a estar despierto/a (despiertos/as); esto es, a participar con gozo y alegría de la novedad de Jesús, del Reino y de su banquete. ¡No nos despistemos, hermano/a!

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, ayúdame (ayúdanos) a tener mi (nuestro) corazón bien despierto, para que esté (estemos) siempre preparado(s) para acogerte y revelarte a los demás”.

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