19ª Semana del Tiempo Ordinario

Domingo, 08 de Agosto del 2010

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Caminar con el Evangelio

Evangelio del Día y comentarios

C-Tor-C-19-D.doc
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EVANGELIO ( Lucas 12, 32-42)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porgue a la hora que menos penséis, viene el Hijo del hombre».

Pedro le preguntó:
- «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?».
El Señor le respondió:
- «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y los despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá».

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CLAVES para la LECTURA

- La página evangélica de esta liturgia de la Palabra comienza con una de las más bellas declaraciones de Jesús (vv. 32-34). De ella podemos obtener luz para nuestro camino de fe y fortaleza para nuestra esperanza de peregrinos. La invitación a no temer y el hecho de tratarnos de «pequeño rebaño», además de la idea del «tesoro» que atrae nuestro corazón, nos las ofrece Jesús como otras tantas verdades capaces de garantizar nuestra fidelidad a la alianza.

- Después de habernos tratado por lo que somos, pero, sobre todo, después de habernos indicado lo que complace a Dios, nuestro Padre (su complacencia consiste en hacernos participar en su Reino), Jesús nos confía algunas recomendaciones, que podemos resumir en la actitud de vigilancia. Vigilar, en la jerga bíblica, es una actitud que corresponde a los siervos frente a su señor, e implica expectativa del retorno del Señor, prontitud para recibirle cuando llegue, disponibilidad total en el servicio, plena docilidad a sus mandamientos y, por último, alegría de participar, aunque sea como siervo, en la alegría de las bodas del Señor.

- «Tened ceñida la cintura, y las lámparas encendidas» (v. 35); si la consideramos bien, no se trata de una invitación genérica a una fidelidad igualmente genérica, sino de un deseo vigoroso por parte del Señor de tener a su lado y en su séquito «siervos buenos y fieles», que no se cansen inútilmente ni se instalen en cómodas posiciones ni, mucho menos, se distraigan del objeto de su espera. Al contrario, sabiendo que el Señor viene cuando menos se le espera, viven el tiempo de la vigilancia y de la espera con ansia extrema y santo temor de Dios. En efecto, aunque los siervos no conocen la hora del regreso, sí conocen la voluntad del señor y saben que es una persona buena e indulgente, pero, al mismo tiempo, justa y exigente.

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CLAVES para la VIDA

- Mensaje lleno de vitalidad y de fuerza el que nos propone Jesús, el Maestro. Y una inmensa revelación, que jamás podríamos ni siquiera imaginar: la voluntad del Padre es ofrecernos el don del Reino, con todo lo que de plenitud conlleva. Merece la pena apostar todo por ese TESORO que se nos da, porque iluminará toda la vida y todo en nosotros se centrará en su búsqueda: “donde está tu tesoro allí estará vuestro corazón” (v. 34). Pero esta revelación está requiriendo una actitud determinada de vida y un estilo de ser y de vivir: la actitud de la VIGILANCIA, como aquellos que esperan a que vuelva su señor y poderle acoger y atender. Por lo tanto, el don del Reino no es para quedarse estancados y atontados, sino para vivir en esa tensión de espera y de respuesta al retorno del Señor de la casa, como “siervos buenos y fieles”. Mientras llega, es necesario vivir según agrada a ese Señor; sólo así se podrá participar del gozo de la fiesta que brindará en honor de tales siervos.

- Es hermoso escuchar y sentir como para nosotros las palabras cargadas de ternura del Maestro: “No temas, pequeño rebaño…”. Y es que el proyecto del Padre es hermoso a todas luces para nuestra situación. Saber que estamos llamados a vivir desde la dinámica del Reino que se nos ofrece como don; vivir desde una actitud despierta porque merece la pena… es la gran invitación, una inmensa invitación, cargada de las mejores sensaciones. En vez de tanto negativismo en tantas propuestas creyentes, Él, Jesús, nos ofrece algo hermoso y para disfrutar. Hermano/a, a esto somos llamados. ¡No lo podemos olvidar…!

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ORACIÓN para este DÍA

“Señor Jesús, tu me propones cuidar mi corazón para saber cuál es el tesoro de mi vida. Yo quiero, Señor participar conscientemente de tu proyecto del Reino, de modo que sea el tesoro de mi caminar creyente”.

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